Pensemos juntos el futuro

El mundo está cambiando. Las nuevas tecnologías están transformando nuestra forma de interactuar con el otro, los avances científicos están derribando creencias sobre lo que significa ser humano, la globalización, al igual que la representación política, son objeto de discusión: ¿Hacia dónde va el siglo XXI? ¿Hacia dónde va la cultura democrática? ¿Hacia dónde vamos nosotros?
Nos encontramos frente a los desafíos que la era de la información presenta a nuestras realidades individuales. Nuestros dichos, nuestros actos quedan registrados para siempre en Internet. La construcción de ciudadanía se ve atravesada por esta nueva configuración de la comunicación. Por primera vez en la historia, la información no solo ayuda a generar riqueza, sino que produce riqueza. La edición genética vuelve posible lo que antes habría sido un milagro: curar enfermedades hereditarias, erradicar plagas, multiplicar en forma exponencial la producción de alimentos.
Por lo pronto, sabemos que estos avances requieren el compromiso activo de la comunidad para evitar abusos y mantenerlos al servicio de todos, y de las instituciones democráticas por su capacidad de superar la adversidad y por su apertura a la innovación. Hablar de apertura a la innovación no es solamente hablar de apertura en lo económico, o en lo político, que incluso pueden ser vistas como una oportunidad para el pragmatismo. Apertura es también apertura a las ideas, a los problemas, a las preguntas. Dar rienda suelta a la curiosidad, aunque la falta de respuestas, por momentos, nos perturbe.
Pero pensar el futuro no es solamente pensar en los desafíos impuestos por el cambio tecnológico y las nuevas formas de la comunicación. Muchos países han superado desafíos incluso más grandes que esos. Han emergido de dictaduras, desastres económicos, catástrofes naturales, injusticias o guerras de todo tipo. Nicaragua dejó atrás la guerra civil; Sudáfrica logró superar el Apartheid para convertirse en democracia plena. La clave está en la memoria. ¿Cómo saldar cuentas con el pasado, sin que esto impida avanzar hacia el futuro? ¿Cómo evitar que rencor por injusticias pasadas sirva de excusa para una violencia sin fin —como en Bosnia o Ruanda— y usar las lecciones de la historia para construir sociedades más prósperas y justas?
Una democracia no se logra de una vez para siempre: es un proceso constante de adaptación, una búsqueda de nuevos equilibrios entre identidad y cambio, desarrollo y equidad, libertad de expresión y libertad de cultos.
El Ministerio de Cultura convoca a algunos de los más importantes referentes mundiales en filosofía, periodismo, tecnología, ciencia y humanidades para dialogar con sus pares argentinos acerca de algunos temas clave de nuestra época. Se trata, literalmente, de una invitación a pensar juntos el futuro.